Mons. Arancedo recuerda que la Cuaresma es tiempo de reconciliación

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, recordó que la Cuaresma es tiempo de reconciliación, cuyo primer fruto es la paz con Dios y con nuestros hermanos”. 

“Ella recrea nuestra condición de hijos respecto a Dios, y de hermanos entre nosotros. No podemos, a partir de este encuentro con Cristo, separar a una de la otra, diciendo: yo me reconcilio con Dios, pero no con mi hermano. La primera es fuente y camino, la segunda es signo y testimonio de la primera. Sabemos que la meta de una vida cristiana, y en ella especialmente la reconciliación, no es fácil, pero es un camino que debemos transitar”, subrayó en su mensaje de Cuaresma. 

El prelado sostuvo que “Cuaresma es un tiempo privilegiado para revisar este proyecto de Dios en nuestras vidas”, y planteó que “el camino de la reconciliación nos habla de humildad, espíritu de comunión y capacidad de perdón; no encerrarnos en nuestras pequeñas razones o justificaciones; sanar heridas y tender puentes de encuentro. Es necesario, para ello, una mirada sincera a nuestra vida y relaciones, no temer reconocer errores”. 

“No seamos jueces cómplices de nosotros mismos, que sea la misma palabra del Señor la que nos juzgue. En ella vamos a encontrar la mirada del Señor, que tiene esa paternal exigencia del amor auténtico que busca nuestro bien; ella es puerta y camino hacia la reconciliación con Dios y nuestros hermanos”, aseveró. 

“La dinámica de un auténtico espíritu de reconciliación nos debe llevar a sanar heridas y a elevar el nivel de nuestras relaciones, sobre todo en los ámbitos más personales, sean familiares o al interno de la misma Iglesia”, expresó, y agregó: “Predicamos la fraternidad, incluso sacramental como sacerdotes, y no siempre nuestras relaciones dan testimonio de esa misma fe”. 

El arzobispo santafesino insistió en afirmar que “la reconciliación es gracia, pero necesita de nuestra apertura, disponibilidad y deseo de conversión para vivir con alegría las exigencias del evangelio como una vocación que nos ha cautivado, que la hemos aceptado y nos compromete. Esto también es gracia y hay que pedirla”. 

Monseñor Arancedo aseguró que “el camino de la reconciliación, que tiene su fuente en Dios y su realización en Cristo, necesita de la intimidad de una conciencia formada en el Evangelio y vivida en un marco de oración. No hay otro ámbito”, y precisó que “la gracia de la reconciliación es parte de esa recompensa de Dios que ‘ve en lo secreto’. No es obra nuestra, pero ella necesita de nuestro sí y espíritu de conversión”. 

“Me hace bien pensar que con cada uno de nosotros ingresa la Iglesia en este tiempo de gracia. Somos parte viva de Ella, esto nos compromete. Que vivamos la Cuaresma con espíritu de purificación y oración, para ‘dejarnos reconciliar con Dios’ y ser sus testigos ante nuestros hermanos”, concluyó.+ 

» Texto completo del mensaje 
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