“Reflejemos la luz y el amor del Sol que nace de lo Alto”, el Papa en Ecuador

 
“Los cristianos, identificamos a Jesucristo con el sol, y a la luna con la Iglesia; y la luna no tiene luz propia, y si la luna se esconde del sol se vuelve oscura. El sol es Jesucristo y si la Iglesia se aparta o se esconde de Jesucristo se vuelve oscura y no da testimonio”. Con estas palabras el Papa Francisco saludaba al pueblo ecuatoriano al inicio de su IX Viaje Internacional en América Latina.
A su llegada al aeropuerto “Mariscal Sucre” de  Quito, el pasado 5 de julio, el Santo Padre recordó con gratitud y alegría las distintas ocasiones en las cuales visitó Ecuador. Así también hoy, dijo el Papa, vengo como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo. «La misma fe que durante siglos ha modelado la identidad de este pueblo y ha dado tan buenos frutos, entre los que se destacan figuras preclaras como Santa Mariana de Jesús, el santo hermano Miguel Febres, santa Narcisa de Jesús o la beata Mercedes de Jesús Molina, beatificada en Guayaquil hace treinta años durante la visita del Papa san Juan Pablo II. Ellos vivieron la fe con intensidad y entusiasmo, y practicando la misericordia contribuyeron, desde distintos ámbitos, a mejorar la sociedad ecuatoriana de su tiempo».
También hoy, precisó el Obispo de Roma, el Evangelio nos proporciona las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones. «En el presente, también nosotros podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo se consoliden y garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América Latina tiene».
Usando la metáfora de la luz del sol y el reflejo de la luna, el Papa Francisco invito a los cristianos a ser testigos y reflejo de esta luz y de este amor que nace de lo Alto. «Amigos todos, comienzo con ilusión y esperanza los días que tenemos por delante. En Ecuador está el punto más cercano al espacio exterior: es el Chimborazo, llamado por eso al lugar “más cercano al sol”, a la luna y las estrellas. Nosotros, los cristianos, identificamos a Jesucristo con el sol, y a la luna con la iglesia; y la luna no tiene luz propia, y si la luna se esconde del sol se vuelve oscura. El sol es Jesucristo y si la Iglesia se aparta o se esconde de Jesucristo se vuelve oscura y no da testimonio. Que estos días se nos haga más evidente a todos la cercanía  “del sol que nace de lo alto”, y que seamos reflejo de su luz y de su amor».
Resaltando la belleza natural de este país, el Pontífice invitó a todo el pueblo ecuatoriano a no perder jamás la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por la humanidad. «Desde aquí quiero abrazar al Ecuador entero. Que desde la cima del Chimborazo, hasta las costas del Pacífico; desde la selva amazónica, hasta las Islas Galápagos, nunca pierdan la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de proteger lo pequeño y lo sencillo, de cuidar de sus niños y de sus ancianos, que son la memoria de su pueblo, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su gente y la belleza singular de su País».
Antes de proseguir con su peregrinación, el Sucesor de Pedro encomendó a todo el pueblo ecuatoriano a la materna protección de la medra de Dios. «Que el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, a quienes Ecuador ha sido Consagrado, derramen sobre ustedes su gracia y bendición. Muchas gracias».
(Renato Martinez - RV)

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