Papa: conversión, oración y santidad de vida para la Unidad de los cristianos


(RV).- Alentándolos a «trabajar infatigablemente por la paz y la reconciliación entre todas las Iglesias y las comunidades cristianas», el Papa Francisco recibió, en la víspera de la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol, a los participantes en el Encuentro Ecuménico de religiosos y religiosas, organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. El Obispo de Roma expresó su alegría por esta iniciativa que se enmarca en el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, que «cada año nos recuerda que el ecumenismo espiritual es ‘el alma del movimiento ecuménico’, como subrayó el Decreto conciliar Unitatis redintegratio (n.8), cuyo 50 aniversario celebramos recientemente».
«Queridos hermanos y hermanas, al expresarles mi gratitud por el testimonio que, con su vida, dan del Evangelio y por el servicio que ofrecen a la causa de la unidad, ruego al Señor que bendiga abundantemente su ministerio y los inspire a trabajar infatigablemente por la paz y la reconciliación entre todas las Iglesias y las Comunidades cristianas. Les ruego por favor que recen por mí y los bendigo de corazón».
Con un saludo particular también a las comunidades ecuménicas de Taizé y de Bose, presentes en esta cita, el Papa reiteró la importancia de la vida consagrada para la unidad de los cristianos y recordó el ruego del Señor: «Que todos sean uno». «Una sola alma y un solo corazón tendidos hacia Dios», como exhorta San Agustín al comenzar su regla, señaló asimismo el Santo Padre, poniendo de relieve que este encuentro ecuménico se celebró en el Instituto de patrística Agustianianum, de Roma:
«La vida religiosa nos muestra precisamente que esta unidad no es fruto de nuestros esfuerzos sino que es un don del Espíritu Santo, que realiza la unidad en la diversidad. Ésta nos revela que la unidad puede lograrse sólo si caminamos juntos, si recorremos el camino de la fraternidad en el amor, en el servicio, en la acogida recíproca».
No hay unidad sin conversión, sin oración y sin santidad de vida, volvió a recordar el Papa empezando por la conversión:
«La vida religiosa nos recuerda que en el centro de toda búsqueda de unidad, y por lo tanto de todo esfuerzo ecuménico, está ante todo la conversión del corazón que conlleva el pedido y la concesión del perdón».
En lo que respecta a la oración, evocando a un pionero del ecumenismo y promotor del Octavario por la unidad, Paul Couturier, que describía a los que rezan por la unidad y al movimiento ecuménico en general como un ‘monasterio invisible’ que reúne a los cristianos de diversas Iglesias, países y Continentes, el Papa invitó a impulsar este ‘monasterio invisible:
 «Queridos hermanos y hermanas, sean los primeros animadores de este ‘monasterio invisible’: los aliento a rezar por la unidad de los cristianos y traducir esta oración en las conductas y gestos cotidianos»
Y sobre la santidad de vida a la que están llamados todos los bautizados, único camino hacia la unidad, el Santo Padre volvió a recordar el Decreto conciliar Unitatis redintegratio:
«Recuerden todos los fieles, que tanto mejor promoverán y realizarán la unión de los cristianos, cuanto más se esfuercen en llevar una vida más pura, según el Evangelio. Porque cuanto más se unan en estrecha comunión con el Padre, con el Verbo y con el Espíritu, tanto más íntima y fácilmente podrán acrecentar la mutua hermandad».
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