Mons. Aguer: “Consumismo: envidia y falta de solidaridad


En su semanal reflexión televisiva en el programa “Claves para un Mundo Mejor”, que se emite los sábados por canal 9 a las 9, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, afirmó este último sábado que “el consumismo además de ser un mecanismo de la envidia tiene también como consecuencia la falta de solidaridad”. 

Señaló que “el consumismo es una exageración del consumo” y por eso suele definirlo así: “el consumismo es comprar lo que no necesitamos con la plata que no tenemos. Por eso digo que es una exageración y, en el fondo, es una insensatez que nos puede hacer caer en líos pavorosos”. 

Luego comentó que consideraba que “tiene mucho que ver con esa especie de globalización de todo. Hablamos muchas veces de la globalización pero también está la globalización del consumo. Consumimos un montón de cosas que son necesarias y eso no está mal pues ustedes van al supermercado o adonde sea y compran lo que necesitan. Pero cuando el consumo deja de ser algo normal, algo plenamente humano, cuando exageramos y compramos lo que no necesitamos con la plata que no tenemos, caemos en el consumismo”. 

El arzobispo de La Plata observó que “la envidia juega mucho en el consumismo ya que muchas veces se produce un mecanismo envidioso cuando pensamos: ¿por qué no voy a tener yo lo que tiene el vecino? Así se puede llegar a perder el control y caer en el consumismo”. 

Sostuvo que es un “fenómeno que se da en todos los niveles”, que quien sufre en primer lugar es “el consumidor” y “lo contrario del consumismo es la sobriedad que significa moderación, humanidad en definitiva, es consumir aquello que necesitamos y no dejarnos atrapar por ese mecanismo que se convierte, en muchos, en una manía. Hay gente maniática para consumir”. 

Mons. Héctor Aguer manifestó que en el consumismo “además de la envidia también nos lleva a perder de vista la solidaridad que es una de las dimensiones fundamentales de la existencia humana”. 

“El consumista maniático no piensa en el vecino, no piensa en los más necesitados, no piensa en aquellos hermanos nuestros que viven en la pobreza extrema y en la miseria. Gasta, gasta y gasta en cosas que no son necesarias y, muchas veces, quiere tener lo último de lo último sin fijarse que mucha gente está padeciendo porque no recibe de ningún lado la ayuda que necesita por lo menos para vivir dignamente, para vivir humanamente”. 

En el final explicó que decía estas cosas para que no se “incurra en el consumismo” y para ponernos “en contra del consumismo y a favor de la solidaridad”.+ 




Texto completo de la alocución



Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (11 de abril de 2015) 

Mis amigos hoy deseo hablarles del consumismo si bien estoy seguro que ya ustedes han oído hablar de eso porque psicólogos, sociólogos, periodistas y otros muchas veces se han ocupado del tema. 

Les propongo desentrañar el tema del consumismo a partir de lo que significa la palabra. Ese “ísmo” con el cual se completa “consumo”, en este caso, significa una exageración y, efectivamente, el consumismo es una exageración del consumo. Suelo definirlo así: el consumismo es comprar lo que no necesitamos con la plata que no tenemos. 

Por eso digo que es una exageración y, en el fondo, es una insensatez que nos puede hacer caer en líos pavorosos. 

Esto ha ido creciendo paulatinamente y creo que tiene mucho que ver con esa especie de globalización de todo. Hablamos muchas veces de la globalización pero también está la globalización del consumo. Nosotros consumimos un montón de cosas que son necesarias y eso no está mal pues ustedes van al supermercado o adonde sea y compran lo que necesitan. Pero cuando el consumo deja de ser algo normal, algo plenamente humano, cuando exageramos, como decía antes, y compramos lo que no necesitamos con la plata que no tenemos, caemos en el consumismo. 

¿Ustedes saben en los líos en que se mete mucha gente por el berretín de tener aquello o de tener lo otro? La envidia juega mucho en el consumismo ya que muchas veces se produce un mecanismo envidioso cuando pensamos porque no voy a tener yo lo que tiene el vecino. Así se puede llegar a perder el control y caer en el consumismo. 

Ustedes habrán notado que este fenómeno se da en todos los niveles. ¿Quién sufre con todo esto? En primer lugar sufre el consumista porque el comerciante se divierte, sobre todo las grandes cadenas que con sus propagandas, nos abruman para cautivarnos y es en definitiva, para que nuestra atención nos lleve a poner la mano en el bolsillo. Es cierto que ahora ya no se usa tanto eso de la mano y el bolsillo para esto porque hay otros mecanismos más dinámicos, más modernos. 

Les decía que muchas veces tiene que ver con la envidia que nos lleva a la falta de sobriedad. Lo contrario del consumismo es la sobriedad que significa moderación, humanidad en definitiva, es consumir aquello que necesitamos y no dejarnos atrapar por ese mecanismo que se convierte, en muchos, en una manía. Hay gente maniática para consumir. Además de la envidia también nos lleva a perder de vista la solidaridad que es una de las dimensiones fundamentales de la existencia humana. 

El consumista maniático no piensa en el vecino, no piensa en los más necesitados, no piensa en aquellos hermanos nuestros que viven en la pobreza extrema y en la miseria. Gasta, gasta y gasta en cosas que no son necesarias y, muchas veces, quiere tener lo último de lo último sin fijarse que mucha gente está padeciendo porque no recibe de ningún lado la ayuda que necesita por lo menos para vivir dignamente, para vivir humanamente. 

Quiere decir que el consumismo además de ser un mecanismo de la envidia tiene también como consecuencia la falta de solidaridad. 

Les he querido decir estas cosas para que ustedes lo piensen y, por supuesto, para que no incurran en el consumismo, pero también para que le hagan propaganda en contra porque a veces nos callamos las cosas espantosas que ocurren en nuestra sociedad y entonces el mal sigue avanzando. Para evitar eso digamos no, nosotros nos ponemos en contra del consumismo y a favor de la solidaridad. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
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