Curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón en sí mismos, somos inseridos en la Iglesia, el Papa en el Ángelus

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

El sordo mudo llevado a Jesús “es símbolo del no creyente que realiza un camino hacia la fe”, dijo el Obispo de Roma, refiriéndose al Evangelio de Marcos en el capítulo 7, del domingo 6 de setiembre de 2015. La sordera “expresa la incapacidad de escuchar y de comprender no solamente las palabras de los hombres, sino también la Palabra de Dios”, explicó.
Francisco afirmó que “Dios no está cerrado en sí mismo, sino que se abre y se pone en comunicación con la humanidad. En su inmensa misericordia, supera el abismo de la infinita diferencia entre él y nosotros, y viene a nuestro encuentro… Jesús es el gran constructor de puentes. Construye en sí mismo el gran puente de la comunión plena con el Padre”.
El Sucesor en la Cátedra de Pedro dijo que “muchas veces nosotros estamos replegados en nosotros mismos y creamos tantas islas inaccesibles e inhabitables”, incapaces de apertura recíproca “en la pareja cerrada, en la familia cerrada, en el grupo cerrado, en la parroquia cerrada, en la patria cerrada.”
Y el Vicario de Cristo proclamó que precisamente “en el origen de nuestra vida cristiana, en el Bautismo, están los gestos y esta palabra de Jesús: “¡Effatá!, ¡Abrete!”. Y el milagro se realiza: Somos curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón en sí mismos, y fuimos inseridos en la gran familia de la Iglesia. Podemos escuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado, o a quienes la han olvidado o sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo”.
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