Catequesis del Papa: “Ignorar al pobre es despreciar a Dios”

“La misericordia de Dios hacia nosotros está relacionada con nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando falta esto, también aquella no encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de mayo, donde explicó la relación entre “misericordia y pobreza”.
Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma meditó sobre la parábola del “rico epulón y el pobre Lázaro”, descrito en el capítulo 16 del Evangelio de San Lucas.
“La vida de estas dos personas, sus condiciones de vida son opuestas. El lujo en el que vive el rico epulón se contrapone a la pobreza de Lázaro”. El Santo Padre señala que esta escena recuerda las duras palabras del Hijo de hombre en el juicio final descrito en el Evangelio de Mateo: «tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron» (Mt 25,42-43). “Lázaro, agrega el Papa, representa bien el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y las contradicciones de un mundo en el cual inmensas riquezas y recursos están en manos de pocos”. Por ello, el Pontífice señala que “ignorar al pobre es despreciar a Dios” y en la parábola es interesante notar que el hombre rico no tiene nombre, mientras el nombre de Lázaro, que significa “Dios ayuda”, se repite cinco veces. “Lázaro, que está delante de la puerta, es una llamada viviente al rico para recordarse de Dios, afirma el Papa; pero el rico no acoge está llamada”.
En la segunda parte de la parábola, señala el Obispo de Roma, la situación de estos personajes cambia después de la muerte. Solo es ahí, en el tormento, que el rico epulón “reconoce a Lázaro y le pide ayuda, mientras cuando estaba en vida fingía no verlo”. Es la figura de Abrahán, precisa el Papa, quien nos ofrece la clave de lectura de esta parábola, “él explica que el bien y el mal han sido distribuidos de tal modo de compensar la injusticia terrena, y la puerta que separaba en vida al rico del pobre, se ha transformado en un gran abismo”. Mientras el pobre estaba delante de la puerta del rico había la posibilidad de la salvación, una vez muertos, la situación se hace irreparable. En este sentido, agrega el Papa, Dios no es jamás llamado directamente en causa, pero la parábola nos recuerda que: “la misericordia de Dios hacia nosotros está relacionada con nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando falta esto, también aquella no encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar”.
Antes de concluir su catequesis, el Sucesor de Pedro precisó que, “para convertirnos, no debemos esperar eventos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra de Dios, que nos llama a amar a Dios y al prójimo”. Porque, afirma el Papa, la Palabra de Dios puede revivir un corazón árido y curarlo de su ceguera. Ningún mensajero o ningún mensaje podrán sustituir a los pobres que encontramos en el camino, porque en ellos viene a nuestro encuentro el mismo Jesús.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
Texto y audio completo de la catequesis del Papa Francisco:
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
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