Anunciar a Cristo y no a sí misma, es la misión de la Iglesia, afirma el Papa

Juan comprende en el bautismo de Jesús, que Dios se manifesta de un modo impensable, en medio de los pecadores, no con el poder de este mundo, sino “como Cordero de Dios, que toma sobre sí y quita el pecado del mundo”, explicó Francisco el 15 de enero.
Y aseveró que “este es un hecho histórico decisivo; una escena decisiva para nuestra fe; y también es decisiva para la misión de la Iglesia”, porque “la Iglesia, en todos los tiempos, está llamada a hacer lo que hizo Juan Bautista, indicar a Jesús a la gente diciendo: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”. ¡Él es el único Salvador! Él es el Señor, humilde en medio de los pecadores”. 
El Obispo de Roma recordó que estas palabras las repite el sacerdote diariamente cuando presenta al pueblo el pan y el vino convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y explicó que “este gesto litúrgico representa toda la misión de la Iglesia, que no se anuncia a sí misma”. Para denunciar despues que “cuando la Iglesia se anuncia a sí misma pierde la brújula: ¡no sabe adónde va! La Iglesia anuncia a Cristo; no se lleva a sí misma, lleva a Cristo. Porque es Él y sólo Él quien salva a su pueblo del pecado, lo libera y lo guía a la tierra de la verdadera libertad”.
Y concluyó: “Que la Virgen María, Madre del Cordero de Dios, nos ayude a creer en Él y a seguirlo”.
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