Este milagro salvó a una madre y fue posible gracias a todo un colegio unido en oración

MADRID, 17 Ene. 17.- La madre Patricia Olivares Arévalo es religiosa del Instituto Calasancio de la Divina Pastora y fue testigo de cómo Verónica Stobert se recuperó, contra todo pronóstico, de lo que los médicos consideraban sería una muerte segura.
La madre Patricia trabajaba en el colegio que el Instituto Calasancio de la Divina Pastora tiene en La Florida en Santiago de Chile, en septiembre de 2003. Según cuenta a ACI Prensa, Verónica Stobert llevaba a sus tres hijos a este colegio y estaba muy involucrada en las actividades como catequista.
“Verónica estaba esperando su cuarto hijo, una niña. Ella estaba bien, pero el 10 de septiembre de 2003, por la tarde comenzó a encontrarse peor y peor. Tenía muchísimo dolor. En el hospital vieron que tenía preclampsia, es decir, la tensión muy alta, lo que hizo que le explotara el hígado. No paraba de sangrar. Mediante una cesárea sacaron al bebé para salvarlo, pero ella estaba tremendamente mal. A media noche del primer día la operaron del hígado”, cuenta la religiosa a ACI Prensa.
Un día después, el 11 de septiembre, se avisó en colegio lo que había pasado.
“Pusimos el altavoz y pedimos oraciones a todos los cursos por la madre. Repartimos la novena del P. Faustino y se rezó de manera completa en todos los cursos, todos los días desde ese momento. El grupo de pastoral, en el que estaba involucrada Verónica, también se reunió para orar y muchos padres del colegio comenzaron a pasar por la capilla, antes de las ocho de la mañana, para orar por ella”, asegura.
Todo el colegio de la Divina Pastora de La Florida se volcó en oraciones y también donando sangre para la madre, que seguía en estado crítico. “Más de 200 personas del colegio donaron sangre para Verónica, en el hospital no daban abasto. Pero ella no retenía las transfusiones”.
El estado de Verónica no mejoraba. Se encontraba entre la vida y la muerte.
En la mañana del día 13 de septiembre, los médicos avisaron a Pedro Núñez, esposo de Verónica, que no podían hacer nada más por la vida de su mujer. A lo que él respondió: “esta es la palabra de los médicos. Pero hay otra palabra mayor, que es la de Dios. Esperen unas horas, por favor. Y se fue a la capilla del colegio a rezar con sus hijos por su mujer”, cuenta la religiosa.
La madre Patricia precisa que ella misma abrió la puerta de la capilla del colegio a Pedro sobre las 11 de la mañana y fue testigo de cómo el padre oró con fe por la curación de su mujer.
“Pidió con fe a Dios que, por la intercesión del Padre Faustino, se hiciera el milagro de la vida de Verónica. Rezamos en silencio”. Después, la religiosa, a quien le permitían el acceso a la habitación de la madre, le puso las reliquias del P. Faustino en el cuerpo de Verónica. Oraron. Esperaron. Confiaron. Los médicos, a petición del esposo accedieron a retrasar la desintubación.
El siguiente análisis de Verónica, en la tarde del día 13 de septiembre, supuestamente confirmaría que no había nada más que hacer, pero hubo un cambio milagroso: las plaquetas habían subido a un buen nivel, el hígado había dejado de sangrar. Verónica, muy poco a poco, comenzó a mejorar.
“Fue un milagro increíble especialmente por la vida de Verónica, pero también por todo el colegio que se unió en oración. Y fue esa oración a Dios a través del P. Faustino lo que hizo que Verónica se curara. No tenemos ninguna duda”, explica la madre Patricia.
Posteriormente la Santa Sede estudió esta curación, un proceso, que según la religiosa “se ha demorado mucho” ya que se presentaron ocho tomos de información.
La religiosa asegura que nunca tuvo dudas de que vivió un “un tremendo milagro” que hoy todavía recuerda emocionada. “Nunca pedimos que fuera el milagro para la canonización de nuestro fundador, sino que nos unimos en oración por esta madre del colegio para que se recuperara”, y así fue.
Después de 14 años, el P. Faustino Míguez, fundador del Instituto Calasancio de la Divina Pastora, será canonizado en el Vaticano gracias a la intercesión en la curación de esta madre y por la oración ferviente, intensa y unida de todos los miembros del colegio de la Divina Pastora de Santiago de Chile.
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